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Cambios biológicos en el embarazo

Cambios biológicos en el embarazo

Desde los estadios más tempranos del embarazo, el organismo y el cuerpo de las gestantes presenta cambios diversos, graduales y continuos hasta el final del mismo, y si bien algunos pueden ser evidentes a simple vista, otros pueden percibirse solo al realizarse un análisis de exámenes clínicos. Estos cambios suceden debido a que el cuerpo de la gestante debe adaptarse y funcionar acorde a las necesidades del bebé en desarrollo. No todas las gestantes perciben a gran escala estos cambios, la mayoría de ellos no son excesivamente molestos para algunas y casi todos se revierten una vez la gestante dé a luz.

Sistema circulatorio

El gasto cardiaco aumenta al igual que el volumen sanguíneo de la gestante, ya que mayores cantidades de sangre son irrigadas al útero, a la placenta, a la piel, los riñones y las glándulas mamarias. El tamaño del abdomen, de los senos y de varias zonas del cuerpo aumenta y la frecuencia cardiaca es capaz de incrementarse hasta de 12 a 20 latidos más por minuto, lo que es útil para la supervivencia del bebé. El crecimiento uterino y el desplazamiento de los órganos ocasiona que el corazón se incline ligeramente hacia el lado izquierdo, por lo que puede alterarse el retorno de la sangre y pueden aparecer edemas, várices y coágulos. Los niveles de hierro y hemoglobina disminuyen por la ausencia de la regla y se recuperan alrededor del segundo trimestre, por lo que es usual que la embarazada presente mareos, náuseas y debilidad.

Sistema respiratorio

Se dilatan los capilares nasales, orofaríngeos y laríngeos, las vías respiratorias se estrechan y las trompas de Eustaquio se obstruyen, por lo que es frecuente que la gestante sienta congestión y cambios leves en el tono y la calidad de la voz. El diámetro torácico aumenta levemente y la funcionalidad del diafragma y los pulmones se limita debido al crecimiento del útero. El aumento de la progesterona le indica al cerebro que la gestante debe respirar más veces y más profundo, lo que provoca que exhale más dióxido de carbono para evitar acumulaciones del mismo y que aumenten los sentimientos de fatiga, ahogo o riesgo de presentar hiperventilaciones.

Metabolismo

El aumento de estrógenos, progesterona, de la hormona gonadotropina coriónica humana (HCG), del cortisol y de la prolactina, produce aumento de las secreciones vaginales, favorece la producción de leche materna y afecta el metabolismo. El cuerpo entra en estado hipermetabólico constante y las hormonas diabetogénicas aumentan, lo que puede aumentar los depósitos de grasa, generar resistencia gradual a la insulina y aumentar los niveles de colesterol y triglicéridos. El metabolismo en el embarazo cambia para asimilar los cambios hormonales y favorecer el equilibrio metabólico en el bebé, por lo que se recomienda que la dieta sea alta en proteínas, vitaminas y minerales, calcio, grasas saludables y carbohidratos.

Sistema digestivo

El incremento en los niveles de HCG, estrógenos y progesterona podría estar implicado en mayor o menor medida con el aumento de la salivación, las náuseas, el vómito, la relajación del tracto digestivo, la ralentización de la digestión, baja actividad en las contracciones digestivas, el estreñimiento y la aparición de hemorroides. Además, el esfínter esofágico inferior (o la unión del esófago con el estómago) se relaja y se dilata, el estómago se reposiciona (subida estomacal) y los ácidos estomacales pueden subir, favoreciendo el reflujo, la pirosis (acidez estomacal) y la aparición de úlceras. Los antojos intensos por los alimentos y el trastorno ocasional de pica (comer alimentos poco habituales o sustancias no comestibles) pueden aparecer durante la gestación, así como los cálculos biliares.

Sistema renal-Urinario

Debido a la secreción de aldosterona y cortisol durante el embarazo, los riñones aumentan su tamaño gracias a que existe una retención de sodio y se aumenta la acumulación de orina (hidronefrosis renal). La vejiga, al encontrarse presionada por el útero que ha aumentado constantemente de tamaño, puede llenarse más rápido de orina, lo que produce que las gestantes experimenten un aumento en la cantidad y frecuencia de micciones durante el día (Polaquiuria).

Sistema inmunológico

El sistema inmunológico de las gestantes debe adaptarse a la presencia de un nuevo organismo sin atacarlo, por lo que asume al bebé como un organismo benigno que debe nutrir y “proteger”. Pueden presentarse picos de disminución de los linfocitos en la gestante y vulnerabilidad a adquirir cuadros virales o infecciosos durante la gestación. Las células encargadas del mecanismo de tolerancia inmunológica están migrando hacia el sistema inmune del bebé y deben modificar la microbiota uterina para su desarrollo. Durante el embarazo, el endometrio puede inflamarse o desinflamarse en función del trimestre en el que se encuentre la gestante, lo que significa que la respuesta de los linfocitos es variable y dinámica entre la gestante y su bebé.

Piel

Otra consecuencia de los picos hormonales propios del embarazo es la posible aparición de manchas o pecas en el rostro (melasma), erupciones cutáneas, estrías de color rosado o púrpura intenso en la piel por el estiramiento que esta sufre, hinchazón y/o sangrado de las encías, alteraciones sensoriales y acné. Además, los pezones, el cuello o los pliegues del cuerpo se oscurecen por el aumento de melanina (o quizá porque el cuerpo resista la insulina), aparece la línea alba en el abdomen; las uñas pueden presentar debilidad y las articulaciones y ligamentos de los huesos pélvicos se suavizan para promover la adaptación del bebé y el crecimiento uterino.

Cambios endocrinos

Cuando el embarazo se hace efectivo se genera la activación del eje hipotalámico-hipofisario, aumentando así la secreción y liberación de hormonas como la corticotropina (CRH) y la hormona liberadora de gonadotropina humana (GnRH). El tamaño de las células lactotropas en el lóbulo anterior aumenta al igual que la producción de prolactina, lo que hace que las mamas aumenten de tamaño y sean sensibles al tacto o al roce. Se produce un aumento significativo en los niveles de cortisol en sangre, lo que produce alteraciones físicas y psicológicas como el aumento de peso, la aparición de acné y dificultades para mantenerse concentrada o alerta. Además de ello, la placenta es ahora un órgano endocrino más que produce hormona adrenocorticotrópica (ACTH), CRH y aumenta la producción de hormonas tiroideas como la hormona estimulante de la tiroides (TSH).

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